Todo empezó en el laboratorio de al lado de mi casa, dónde buscaban la manera de que un muerto pudiera volver a la vida.Yo estaba en mi cuarto, como de costumbre estudiando, porque estaba en plena semana de exámenes.
Eran las 12:30 de la mañana de un domingo, mi madre preparaba la comida, y mi padre como siempre leyendo su diario favorito. Mi hermano en cambio, jugaba a la play station. Era un día más, sin ninguna novedad, pero, una fuerte explosión hizo que ese día tan normal, se volviera algo extraño. Tras la explosión mis padres fueron haber que sucedió y me dejaron al mando de la casa y responsable de mi hermano. Mi hermano estaba bastante asustado y yo para tranquilizarle le ofrecí jugar a algunos juegos.
-Chiquitín, ¿quieres qué juguemos?- Le propuse, aunque no me apetecía nada.
-Bueno, ¡Vale!- Dijo el emocionado al ver que yo por una vez quería jugar con él.
-Pero, elije tu el juego.- Le dije para que no hubiera peleas.
-¿Jugamos a este?- Preguntó él con ganas de jugar a ese.
-Claro que sí enano.- Le respondí con una sonrisa falsa, aunque el de lo feliz que estaba ni lo notaba, era lo bueno de su inocencia.
Pasamos un rato jugando, hasta que se hizo la hora de comer.
-Alicia, tengo hambre.- Dijo con la mano en su barriga.
-Sí yo también, vamos, pon la mesa y yo sirvo los platos.- Dije mientras me levantaba de la silla.
-¿Qué hay para comer?- Preguntó esperando a que la respuesta fuera buena.
-Emmm, vamos a ver, así hay pescado con patatas herbidas.- Dije con una sonrisa malvada en mi rostro.
-¡Pues yo no como!- Dijo rechistando.
-¡Enano, o comes o comes! ¿Te queda claro?- Le vacilé- Seguramente el postre te guste más así que si te comes todo lo que te ponga en el plato luego te daré tu recompensa.
-Bueno, vale...- Dijo sin mucha convinción.
Se lo comió todo y después le di su recompensa, tarta de chocolate, le encantaba.
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